Entrevista del mes: Paco Delgado

30/12/2015

 PACO DELGADO

“Me desmarqué de ser padrino de un bautizo por ir a un partido”

  

Auténtico apasionado de este deporte, Francisco Delgado ha renunciado a muchos momentos de su vida por irse a jugar al fútbol. Algunas, auténticas locuras que casi le cuestan incluso el divorcio. Pero darle patadas al balón siempre ha sido lo primero para este todavía futbolista al que muchos reconocen por su reluciente ‘testa’.

 

¿Tantos disgustos te ha dado este deporte para perder hasta el pelo?

Pues unos cuantos, seguro. El pelo me lo quité en el 90, cuando me casé, con 26 años. Y me retiré como futbolista federado en veteranos, así que puede decirse que he jugado tantos años con pelo como sin él.

 

Siempre nos queda la duda de quién ha defendido más veces la camiseta de La Cartuja F.C., si Antonio Bernad o tú.

La verdad que es un dato que siempre he querido conocer, pero es difícil saber el número exacto de partidos de cada uno. Habría que ir a la Federación Aragonesa de Fútbol y empezar a revisar y contar actas. En mi caso, jugando Liga y Copa toda la vida, y sin apenas lesiones ni expulsiones, he jugado seguro más de 1.000 partidos, solo con La Cartuja. Aparte, estuve dos años en el St. Casablanca y dos medias temporadas en Luceni y Pedrola.

 

¿Recuerdas cuándo empezaste?

Desde que tengo uso de razón. En el patio del colegio salíamos a correr y dar patadas a lo primero que tuviésemos: pelotas de papel, de trapos… Porque el único que tenía balón era Pedrito Blasco. Hasta que no llegaba él, no había partido. Y si perdía, cogía el balón y se iba. Y se acabó el partido.

 

¿Y tus primeros partidos con La Cartuja F.C.?

Empezamos jugando contra equipos sin federar; los equipos que descansaban de otras categorías, les pedíamos que bajaran aquí a jugar amistosos. Y con 13 años ya jugué con el Regional, con la ficha de Pepe Rodríguez. Éramos tan parecidos que colaba.

 

¿Qué has sacrificado por jugar al fútbol?

Todo. He dejado plantados a mis suegros en El Cardenal, en su 25 aniversario de Bodas, para irme a jugar a San Mateo (donde, por cierto, nos metieron 6 porque no fuimos los suficientes y hasta Antonio Bernad, entonces entrenador, tuvo que cambiarse y jugar). Al día siguiente de casarme, como jugábamos aquí en La Cartuja, le pedí a Inma ir a jugar, y ella por poco me pide el divorcio. Otra vez me vine conduciendo desde mi pueblo –Montoro, Córdoba- saliendo un domingo a las 00h. para llegar a las 10h. y a las 12h. a jugar. E incluso me desmarqué de ser el padrino de un bautizo, aunque mejor no voy a dar nombres (risas).

 

¡Vaya locuras! ¿Y qué recompensas te ha dado este deporte?

Económicas, ninguna. Es más, me ha costado dinero y algún susto en forma de lesión. Como cuando llamé a Ángel Bueno, quien fuera fisio del Endesa Andorra y Sego Zaragoza porque llevaba un esguince de rodilla y nos jugábamos el ascenso a 2ª Reg. Preferente contra San José. Al verme me dijo ‘imposible que juegues’. Pero le convencí para que me mandase unos ejercicios que hacía a las 23h., cuando cerraba la peluquería. Y el sábado, a jugar. A la semana siguiente volví a él doblemente lesionado pero con el ascenso en el bolsillo. Esa satisfacción que sentí no tiene precio.

 

Y creo que también te dio la oportunidad de viajar, ¿no?

Sí, a Francia. Resulta que Mariano Estrada tiene familia en Aubiet –a 60 km. al oeste de Toulouse- y un año, para agosto de 1981, les invitamos a venir a jugar contra nosotros para las Fiestas de San Roque. Posteriormente les devolvimos nosotros la visita, y así estuvimos unos 3 ó 4 años. En la edición de 1983 ó 1984, no recuerdo exactamente, disputamos un Torneo Internacional con el propio Aubiet y el Anderlecht belga. Fue la primera vez en mi vida que jugaba de noche, con focos. Una experiencia muy bonita en la que además terminé siendo el MVP de aquel triangular.

 

Después de tantos años, habrás compartido vestuario con decenas de jugadores. ¿De qué compañero aprendiste más?

Uff, de muchos. Aunque mi referente toda mi vida ha sido Pedro Blasco. Si hubiera querido, hubiera llegado a 1ª División. Pero el mismo temperamento que tiene fuera del campo, también lo tenía dentro. Llegó a jugar en el Utrillas de 3ª División, y se salía. Pero también he disfrutado mucho con José Luís Andreu, Antonio Bernad, Jesús Aragonés, Arturo Martín, José Luís Arjol…

 

¿El que fue segundo entrenador en el Real Zaragoza con Víctor Fernández?

El mismo. Vino aquí a La Cartuja porque tuvo que cumplir un año para sacarse el título, no recuerdo si de entrenador o preparador físico. Y su padre, cuando yo jugué en el St. Casablanca, me regaló un reloj a final de temporada porque, siendo lateral izquierdo, fui de los máximos goleadores aquel año.

 

Y donde hubo, queda. Porque actualmente sigues jugando al fútbol pero no en La Cartuja. ¿Te gustaría que hubiera de nuevo un equipo de veteranos?

Por supuesto. Sería ideal para La Cartuja como club y como barrio. El único inconveniente es que los veteranos suelen jugar los sábados por la mañana, y hay gente que trabajamos. En el equipo que juego actualmente también es de veteranos, pero jugamos los domingos por la mañana.

 

¿Y no te gustaría coger a un equipo y dar el salto a entrenador?

Sí, claro que también me gustaría, aunque mis horarios me lo impiden. Pero llevaría a ‘zagales’, no muy mayores, para que todavía los pueda enderezar (risas). Un cadete, por ejemplo.

 

Y la última. Acabamos de lanzar la nueva campaña de socios para esta temporada, y tú has sido socio de La Cartuja F.C. desde hace muchos años. ¿Por qué animarías a la gente a que se hiciera socia?

En los clubes modestos como el nuestro, el papel del socio es imprescindible. Es la única forma de ayudar a crecer a este club, para impulsar la escuela y que siga fomentando el fútbol desde los más pequeños. A mí también me ha tocado vivir momentos delicados de la historia de La Cartuja F.C. Se empezó a ir la gente, y cada vez que entraban a la peluquería y me decían ‘me llevo al chico para que juegue en…’ me dolía en el alma. Esto tendía a desaparecer, y afortunadamente la situación se ha ido recuperando poco a poco. Pero para que eso no vuelva a pasar, tenemos que seguir creciendo. Aportemos todos nuestro granito de arena.

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