Entrevista del mes: Mariano Colás

01/03/2016

  

“Siempre lo he dado todo por La Cartuja F.C.”

 

          Mariano Colás será siempre recordado en La Cartuja como un jugador duro, agresivo, luchador y sacrificado desde el minuto uno hasta el 90 –si no acababa expulsado antes-. Pero su figura también representa el amor y pasión por un deporte y unos colores. Y un solo objetivo: ganar. Y divertirse. Porque la suya también es la historia de cómo un grupo de amigos ascendió de 2ª Regional B a Regional Preferente en apenas unos años. A día de hoy, sigue siendo el techo de un humilde club de barrio.


¿Te molesta que se recuerde a Mariano Colás como un central duro?

 

Nah, no, no. Lo que pasa que yo era de los que lo daba todo en el campo. Y lo que no tenía de técnica, había que contrarrestarlo con mucha fuerza, genio, lucha… Había que ser contundentes.

 

¿Qué recuerdos crees que guardan los rivales de ti?

 

Contusiones, seguro (risas). La furia siempre me ha perdido. Hubo una temporada que, la primera vuelta, solo jugaba los de casa, porque me expulsaban y no podía jugar los de fuera al estar sancionado. Aunque luego todo lo que pasaba, se quedaba en el campo. Después, tan amigos. Nunca he ido a hacer mal a nadie. El fútbol es nobleza, o así lo entendía yo, vamos.

 

¿Siempre jugaste de central?

 

La mayoría sí. Aunque también de lateral zurdo, en el centro del campo, ¡hasta de delantero! Porque marcaba muchos goles. De hecho, el año que subimos a Regional Preferente me quedé tercer o cuarto máximo goleador siendo defensa. Y me dieron el trofeo a la regularidad.

 

¿Cómo empezó Mariano Colás a jugar al fútbol?

 

De casualidad. Bajé con 14 años a La Cartuja, porque mi padre tenía amistad con Romualdo (Q.E.P.D.) y con Antonio Navarro, de la Peña La Unión. Y empecé gracias a Carlos Navarro. Me traje a 4 amigos –el Zorro, Toño Vaquero, Alberto López y otro más que me perdone, pero ahora no recuerdo- y nos quedamos a jugar.

 

Y, ¿qué ha sido el fútbol para ti?

 

Mucho. Una pasión, un hobby, un grupo de amigos. Lo echo en falta como el comer. Se aprende mucho, se hacen muchas amistades, vives muchísimos momentos… Me he divertido mucho jugando al fútbol.

 

¿Y La Cartuja F.C.?

 

Todo. Aquí he crecido como futbolista y como persona. Me lo he pasado en grande. Yo lo doy todo por La Cartuja.

 

¿Quiénes han sido tus referentes?

 

Antonio Bernad, Diablo, Pedro Blasco… Mis parejas de centrales. Aunque cuando yo empezaba, ellos se retiraban. Pero rematábamos todo que se nos ponía por delante. Los córners en La Cartuja, eran medio gol. Luego vinieron Víctor Tomé, Armando… Y el ‘Piojo’. 20 años jugando juntos. Nos une una gran amistad. De hecho, algún día seré entrenador con él.


¿Te gustaría dar el salto a los banquillos?

 

Bueno. Él de momento se está sacando el título. Me gustaría probar de segundo entrenador, vivir la experiencia.

 

Tanto el ‘Piojo’ como tú fuisteis protagonistas de los mejores años de la historia de La Cartuja. ¿Qué recuerdos guardas?

       

De los mejores… ¡pero también los peores! De tener problemas los domingos para juntarnos 11 para jugar, a entrenar tres días por semana y viniendo 18-20 personas. Aunque recordando los mejores años, fueron algo increíble. Los tres ascensos, los equipos que hicieron Javier Romeo y Carlos Navarro… Mérito subir con ellos, y además mantenernos. Ver cómo se llenaba el campo. Año y medio sin perder en casa… Inolvidable.

 

¿Y la experiencia de competir en Regional Preferente?

 

Subimos como motos, con unas ganas de competir y de ganar que no cabíamos en nosotros mismos. Debutamos contra el máximo favorito, Universidad de Zaragoza, y les ganamos 1-0 en La Cartuja en el primer partido. Y el primero a domicilio, victoria también. Los primeros 4 meses en Preferente fueron la leche. Acabamos la primera vuelta terceros.

 

En la cena de Navidad –en la Peña El Chiflete-, la directiva nos dijo que bajáramos un poco el ritmo, que no había más presupuesto para subir más para arriba. Y claro, nos dejamos llevar en la segunda vuelta y casi no logramos la salvación hasta el final.

 

Ya al año siguiente fue más difícil. La primera temporada no pasó desapercibida para muchos equipos, y se nos llevaron a varios jugadores. Los que vinieron no terminaron de encajar igual, y al final descendimos. Pero que nos quiten lo ‘bailao’.

 

Y, ¿cuál fue la clave del éxito de aquel equipo?

 

La unión, la amistad. Y el gen competitivo de querer ganar siempre. Piojo, Héctor Romeo, Negro, Enguita, Villu, Gallego, Juan Diego, Nano, Eugenio, Abel, Dani Fabre… Y los “agustinos” Luís Costa, Iker, Mario, Gonzalo, Jorge… Y tantos y tantos que me dejo (que me perdonen). Pero casi todos de la misma edad. Nos divertíamos jugando al fútbol, nos íbamos de cena, celebrábamos juntos los cumpleaños… Éramos un equipo con todas las letras.


¿Os seguís viendo a día de hoy?

 

Hoy es mucho más difícil, porque cada uno lleva ya su vida, su familia, su trabajo, etc. Con el Piojo echo en falta un equipo de veteranos de La Cartuja.

 

No eres el primero que lo dice, ¿te unirías?

 

Sin dudarlo, ¿dónde hay que firmar? Mi mayor ilusión es que mi hijo me vea jugando.

 

¿Apunta ya maneras?

 

Sí, sí, ya está metido en la Escuela del club. Tiene sangre brasileña y mía, así que si coge lo mejor de cada uno, será buen futbolista (risas).

 

Y la última, ¿qué les dirías a las futuras generaciones como tu hijo?

 

Que disfruten. Que jueguen al fútbol y que disfruten. Que las experiencias y las sensaciones que deja el fútbol solo pasan una vez en la vida. Y que aprovechen cada segundo dentro de un campo de fútbol.

 

 

 

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